Entre las olvidadas calles de Madrid, ando vagabundeando en busca de encontrar un cafetín, un parrillón, alguien clavandose un chori o una buena milanga. Pero mi esfuerzos son en vano, tengo que, tristemente, entrar en un bar de tapas a comer tortillas, gambas, jamon crudo, bacalao, nadando todo en aceite de oliva, acompañado de una espumosa cerveza que insiste instalarse en mi paladar.Finalmente claudicar ante un turrón de alicante, una naranja valenciana o acudir a las fronteras en busca de chocolates suizos y galletitas danesas. Mi abdomen ya no saluda a la piel, pero creo que por ahora vale la pena.
Ver gente grande en la calle, escuchar el fuerte alarido que llaman conversación, y encontrar que la limitación es inherente al hombre, y en Madrid se consideran muy hombres. Imágenes que se repiten, sonidos que parecen eco y verdades que se afirman cada día con mas evidencias.
En breve estaré en Sevilla, antigua ciudad, y un poco mas que en breve estaré en Barcelona, abrazando el parque Güell una columna que sostiene ese maravilloso lugar.
He compartido techo y comida con gente de diversos paises, Finlandía, Canada y en breve trabajaré para un jefe suizo, el cual trabaja para un jefe francés.
Todas estas cosas no sé que lograrán en mí, si felicidad o tristeza, pero hay algo que os aseguro mis queridos amigos, la vida es bella.

2 comentarios:
La vida es bella....sólo al lado de un poeta tan apasionado....
Pablito, en que andas?, Como van tus papeles?
Parece que todavia estas de gira, me parece bien aprovecha.
El viernes pasado despedimos a Lourdes quien migra para aquellos pagos, seguimos exportando gente.
Bueno pibe, te dejo un abrazo y cuidate.
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